La presencia de la mujer en Copiso y en la agricultura soriana es una realidad, “se ha normalizado”. Así lo señala Cristina Rodríguez Modrego, secretaria de la cooperativa soriana, que subraya que el papel de la mujer en el sector agrícola y en la resiliencia del medio rural no es menor. Aunque las socias femeninas en Copiso son solo -de momento- un 10% del total de los 1.375 socios de la entidad, la mujer también se está incorporando de titular de la explotación a la actividad como joven agricultora, “aunque todavía seamos muy pocas”. Es el caso de Ana Pastor Soria o Úrsula Sanz Pascual.
Precisamente, Cristina Rodríguez destaca las ventajas de pertenecer a una cooperativa para la joven agricultora (igual que ocurre para el hombre). “Facilita la incorporación y el trabajo. Aporta tranquilidad y seguridad. Fuera de la cooperativa hace frío. Los mercados son complicados, y el apoyo y el asesoramiento que se ofrece es muy importante”, señala. Aclara que “las condiciones son iguales para socias mujeres que para los hombres”, pero Copiso es consciente del valor de la presencia femenina en el sector. “Por eso, estamos animando que entren mujeres en los órganos sociales de la cooperativa, para visualizar su presencia y su papel. Tratamos de que el Consejo Rector sea reflejo de la base social de la cooperativa. Por eso, y aunque sea de manera minoritaria, la mujer está presente en Copiso”, indica la secretaria de la cooperativa.
Cristina Rodríguez recuerda que el trabajo y el papel de la mujer en la actividad agrícola y ganadera ha sido, tradicionalmente, muy activo en las familias, aunque no estuviera reconocido adecuadamente. De hecho, el primer reconocimiento oficial como titular de explotación a una mujer en Soria, de la que se tiene información, llegó en el año 1992, concretamente a Edelia García García.
La secretaria del Consejo Rector de Copiso también representa a Urcacyl en el grupo de trabajo de Igualdad que tiene Cooperativas Agroalimentarias de España. El objetivo de este grupo es visibilizar y poner en valor el trabajo de la mujer en el sector agrario, o la formación.
Precisamente, Naciones Unidas ha declarado 2026 Año Internacional de la Agricultora, para poner de relieve el papel esencial de la mujer en los sistemas agroalimentarios del mundo, desde la producción hasta el comercio.


